EL PULSAR DE LA NATURALEZA



La Naturaleza como ente orgánico está en constante pulsación.

Este pulsar de la Naturaleza es como el pulsar de nuestra respiración.

A su vez, este pulsar lo podemos relacionar con el pulsar de nuestro Corazón.


El fluir de la respiración lo demarca su pulso.


La inhalación trae consigo una contracción natural.

Esta contracción nos abraza como una fuerza protectora que nos abriga y nos recoge hacia el interior, nos regresa o invita al centro, donde nos acoge y nos da la bienvenida al regresar a casa.


La exhalación es la contraparte de la inhalación.

La exhalación trae consigo una expansión natural.



Ambas fuerzas o movimientos se necesitan para que exista un pulso, para que exista la melodía.

Una vez te has regocijado en el centro del Ser, de la Madre, de tu Hogar Interior, estarás nutrido, fortalecido y sentirás con ansias, pasión y valentía por explorar, por descubrir, por aprender y por crear.


Esta creatividad se expresa en la exhalación de la libertad al vivir.

La Naturaleza, Madre Tierra, Gaia o Pachamama tiene su propio pulsar.

La Tierra respira.

La Tierra late.

La Tierra tiene sus pulmones, los bosques, la selva.

La Tierra tiene su Corazón, su centro vital desde donde arde con pasión, fuerza, vitalidad, amor e incluso ferocidad.


Cuando la naturaleza inhala se está alimentando, recargando de Prana, la Fuerza de la Vida.

Ese inhalar, con su contracción, marca un tiempo de Descanso.

Lo podemos apreciar en la transición del otoño al invierno. Cuando la naturaleza se está preparando para recibir. Pero para recibir plenamente, primero debe dejar todo aquello que ya no necesita, que le consumirá energía y atención durante su tiempo de recibir, de nutrirse y de renovarse.


Llega el invierno y ella disminuye el ritmo, hasta el punto en el que se siente una pausa. La naturaleza duerme, descansa en su inhalar, en su larga contracción pareciera que se detiene para después despertar, exhalar en jubilo y expresión de vida.


Durante esta exhalación o expansión de vida, la naturaleza sonríe en flores, canta junto a la melodía de los pájaros, todo brilla, vibra y vuelve a renacer.

Pero la exhalación sin la inhalación se agotaría. Llegaría un momento en el que ya no tiene más para dar, su energía se desvanecería, desaparecería.


Sin embargo, si tan solo se contrae, si tan solo regresa a su centro y se nutre, si no comparte esta energía para apoyar la exhalación de la expresión creativa de la vida, esa inercia la conduciría al egoísmo, donde no fluiría, donde se estancaría. Al no compartir, muere.


Nosotros, los seres humanos como entes orgánicos que pertenecemos o hacemos parte de la naturaleza también somos afectados por ese armonioso balance entre inhalación/contracción y exhalación/expansión.




Durante este tiempo de cuarentena en el que la Naturaleza está aprovechando su tiempo para sanar, para renovarse, renacer y crecer, aprendamos de ella. Aprovechemos también este corto lapso que se nos está regalando. Es algo único. A lo mejor la probabilidad de volver a presenciar una oportunidad de etas sea muy poco probable, especialmente en el corto plazo.


Si respetamos y honramos este tiempo, verás como la naturaleza te regala más vida, más color, pureza, vitalidad y salud. Ella exhalará lo mejor de sí ahora que le permitimos recobrar su aliento y esencia volverá a brillar.


Espera, aprovecha tu tiempo paralelo a ella. Respeta tu pausa, reflexiona, sánate, nútrete.


Observa, siente y aprende de esta similitud que tenemos con nuestra naturaleza y aprendamos a fluir al ritmo de la madre Tierra.; para que cuando nos llegue el momento de volver a salir, podamos todos juntos gozar de esa gran explosión de júbilo celebrando la libertad de la vida y verificando nuestro pacto de respeto y amor con nuestra naturaleza, tanto la interior como la exterior.

Sanemos juntos.